Hace 6 años de la aparición de la pandemia, el COVID-19.

Mucho tiempo, los efectos perduran.
Es preocupante, por supuesto, que el virus no haya sido erradicado y que no se sepa si se logrará erradicar o será, como otros muchos virus, uno más que estará con nosotros, entre nosotros, para siempre.
Parece que esta es la situación.
Tras leer los recelos, ¿o miedos?, razonables, de amigos míos que sufren o han sufrido las secuelas del virus o por sus vacunas comienzo este texto que no sé cómo acabaré.
Yo vivo en China, donde se conocieron los primeros casos, y viví aquí la experiencia. Medidas muy fuertes fueron tomadas por las autoridades chinas para su control y hasta entrada la primavera de 2020 viví mucho más de lo que vivisteis en otros lugares, luego los mismos, o parecidos, aunque durante más tiempo.
Conservo los reportes que envié durante aquellos meses. En ellos indicaba la evolución de la enfermedad en China, os avisaba de lo que estaba por llegar.
En enero de 2020 estaba yo en España.
Eran los primeros días de la enfermedad. En China era tiempo de fiestas, las fiestas por el año nuevo chino, la “Fiesta de la Primavera”.
En la televisión española vi unas imágenes espeluznantes que parecían sacadas de un país del Medievo, tal como una persona allegada a mí, pensando en voz alta, manifestó, pero yo sabía quiénes son los chinos, sabía que no, que los chinos y su gobierno, no estaban locos.
Vivíamos en 2020 y si para encarar la situación sobrevenida veíamos por televisión esas imágenes retransmitidas desde China donde unos policías cerraban, con trancas, las puertas de una familia dejándola dentro aislada del mundo, era, no podía ser otra cosa, que estábamos en el inicio de lo que podía ser una hecatombe.
Así lo entendí yo y por eso decidí viajar a toda prisa a China, desoyendo a mi mujer que me recomendaba tranquilidad, que me decía que esperara a tener todos mis asuntos arreglados.
Había acabado yo, aquellos días, un contrato temporal de trabajo y estaba pensando entonces en si adelantar mi jubilación -entonces era posible- aunque con penalización de un 8% por año de adelanto sobre los 65.
Xiá me decía que regresara, como tenía previsto, el 14 de febrero. Incluso, si debía esperar un poco más por los trámites para mi jubilación, que esperara y regresara ya jubilado.
Yo pensaba que podría estar en España al menos hasta cumplir los 61 años, el 23 de marzo, y así tener un 8% de menor penalización por jubilación anticipada.
Pero yo no podía estar lejos de mi mujer y de mi hija en aquellos momentos pues los entendí muy peligrosos.
No podía quedarme esperando a que pasara aquello y adelanté mi regreso.
Salí hacia Pekín un día antes de que se cerraran los accesos a China. No me pilló por apenas unas horas. ¿Fue suerte, instinto?
Así que pude estar con mis chicas durante aquel angustioso trance. Más adelante pude estar con mi mujer, Xiá, cuando le fue diagnosticado cáncer a comienzos de 2022.
Pero por aquel adelanto de viaje no pude tramitar mi jubilación. Luego, entre la pandemia y las incongruencias y cambios legislativos de aquellos momentos (que puedo detenidamente explicar a quien puedan interesar), tuve que esperar 5 años para recalar ya jubilado en mi hogar.
Sí, recuerdo perfectamente, lo viví, que el gobierno chino fue muy restrictivo, pero no se debió a ningún afán dictatorial o experimento de control social.
No soy conspiranoico.
Tampoco idiota, así que sé que de buen seguro que de aquella situación se tomó nota (en todo el mundo), pero debemos seguir adelante, no queda otra.
Recuerdo que dije entonces que Sánchez pecó de tímido, de pazguato, en su aparición televisiva justificando sus tímidas, para mí, restricciones.
Decía él, que las restricciones que ponía en marcha en España eran las más fuertes que podía (y adecuadas) dada la cultura española.
Mi visión de la situación difería enormemente y así lo dije, lo que produjo reacciones no precisamente positivas hacia mi parecer.
Todos los gobiernos actuaron como mejor supieron, cierto.
Los números finales de la pandemia indican con bastante claridad la eficacia de unos y otros.
Aquella era entonces mi opinión, claro que mediatizada por mi entorno, ¿acaso los otros entornos no mediatizan otras opiniones?
Y es que (con los 9000 km de distancia) mis conocimientos, con certidumbres y dudas, estaban en otro nivel, pues yo era entonces casi chino, y me pareció Sánchez, viendo su declaración pública, que la vi, un soplapollas. Ahora, cuanto más pienso DE TODO, más soplapollas me parece.
Pero comprendí que para muchos tuviera cierto atractivo (por lo que había enfrente, pura bazofia reaccionaria), como atractivo tuvo González en su tiempo, pero con el paso de estos años… ya entiendo menos esa candidez.
Ahora, ¿cuándo si no?, toca romper con ciertas servidumbres, y en su lugar ¿qué hacen?: aparentar.
Es el PSOE solo apariencia y poca sustancia.
Ahora que si la defensa europea, que si el 5 % de gasto militar, no… pero el gasto militar por encima del gasto en servicios … (¿y hacerlo en compras a…?)
No es ese partido sino una banda de trileros, simples soplapollas diseñados(?) por el sistema para mantener la ensoñación de vivir en democracia, una democracia que se debe a un SOLO compromiso, evidente, el de no tocar el orden económico. Tutela perpetua.
La premisa es pues simple: que siga el juego, que bailen los malditos.
¿Es democracia entonces? ¿Es aceptable el compromiso de salida?
Y aunque sé que es difícil articular ilusión, estoy seguro de que bajo los pies de las mafias que gobiernan España, está la playa.
Tras la caducidad de los diseñados ¿qué nos espera?
No sé cómo debemos hacer, pero algo debemos hacer.
Alejandro.阿历