En pocas semanas hará ya 19 años que dejé España y marché a China.
Combiné por años mis dos hogares, aunque cada vez me era más difícil estar en España, y cuando allí vivía era, únicamente, a la espera de volver a Pekín, al hogar que había creado con mi mujer, mi compañera, en 2007.
No podía reintegrarme en un lugar del que había marchado extremadamente decepcionado, menos cuando en el que me había acogido era feliz, muy feliz.
Por eso estoy en Pekín de nuevo y ahora ya para siempre, solo recuerdo que…
Había llegado, con la intención de estudiar chino, el 3 de marzo de 2007.Apenas unos meses después, tenía mujer y una hija, había creado una familia, puedo decir que había derrotado a los malos augurios.Y como había encontrado el gozo, una vida en paz donde los que me rodean me quieren suyo y yo los quiero míos, digo con orgullo que he triunfado.Ya un año más tarde trasladamos nuestro hogar a Changyang, nos convertimos en unos pequineses más, ya no estábamos en Pekín, sino que éramos parte, fruto, de esta ciudad que, como otras grandes urbes chinas, crecía con la llegada de gente y familias desde lejos, de nuestros lugares de origen, diversos.Somos millones de emigrantes, y todos estamos haciendo nuestras vidas, construyendo nuestros sueños, para nosotros y nuestros hijos, y con ellos pensamos el futuro y cómo lo queremos.Yo soy un emigrante atípico, pues soy un extranjero en China, donde somos pocos los no chinos, mi mujer es una emigrante tradicional, pues es una oriunda de otra provincia china, ella es de Heilongjiang y yo de España.Cuando nos establecimos en Pekín tenía la ciudad barrios enteros donde las canalizaciones no existían, las esperábamos, donde la salubridad era poca.También recuerdo los grandes solares yermos, en desorden total, con runas y escombros entre el tercero y el cuarto cinturón.
Ya entre el cuarto y el quinto cinturón, estábamos hablando «de fuera de la ciudad» y era un anillo donde se ubicaban muchos de los vertederos de la ciudad. El cinturón verde que rodeaba la urbe, el campo, iba desapareciendo.
Más allá del quinto era ya otro mundo, ajeno a la ciudad, pero amenazado también con sufrir los mismos estragos que el desenfrenado crecimiento sobre el territorio estaba produciendo entre los cinturones 4º y 5º, pues esa zona no podía absorber ya más y amenazaba el crecimiento de la capital con convertir más y más territorio en un no-lugar de la gran ciudad.
Se comenzaron entonces a proyectar grandes planes urbanísticos que racionalizaran debidamente el crecimiento. Uno de estos planes era el que llamaron los planificadores «la isla de Changyang», con un cinturón de agua hecho con dos ríos, y a tal fin se crearon unos embalses que rodearían con sus aguas aquel espacio.Nosotros fuimos a ese lugar, Changyang, compramos un piso en una de las dos comunidades existentes en aquel momento, Bi Bo Yuan, que no estaba lejos de la otra, esta bastante más antigua, Bi Gui Yuan.
Mientras, se comenzaban a edificar otras promociones, de las que la mayor era Jia Zhou Shui Jun.
El sexto cinturón se construyó, a fines de los 2000, para desviar las rutas de transporte evitando que estas tuvieran que atravesar la ciudad. Se trata de un anillo circunvalatorio de más de 200 km de longitud, con un radio de algo más de 35 km.Tenía Pekín en 2007 unas líneas de metro, tres, de las que una cubría apenas el centro histórico, rodeándolo, otra atravesaba de oeste a este la ciudad y la tercera llevaba hacia el norte, hacia unos barrios que serían, por cantidad de residentes, grandes urbes en cualquier país europeo. ver Tiantongyuan como ejemploEl resto de la ciudad era un plano en blanco sobre el que los ingenieros iban levantando la gran ciudad que tenía que ser.ver en este mapa de Beijing:
A la izquierda se ven todas las líneas de metro a día de hoy, aunque no a escala pues de ser así no cabrían en el plano, por lo que cuanto más alejadas del centro más empequeñece las distancias el mapa.
A la derecha, y resaltadadas en negro, están marcadas las tres líneas existentes a mi llegada en 2007. Los puntos rojos señalan donde vivíamos en 2007, Changchunjie, bastante céntrico, junto al segundo cinturón, las flechas, en verde, señalan adónde fuimos a vivir cuando nos establecimos en Changyang, más allá del quinto cinturón, cerca del sexto.
El círculo naranja señala, a grosso modo, el área que ocupa la ciudad de Pekín, dentro de su sexto cinturón, que tiene bastantes más de 200 km de recorrido, pues su radio imaginario, la distancia al centro, Tian´an men, es de unos 35 km.
Xiá, Bai Jitong y yo establecimos nuestra vivienda en aquel pequeño poblado del suroeste de Beijing, Changyang.Entonces no había de nada, y donde un autobús fletado por unos almacenes de otro poblado, Nangong, venía a nuestro barrio, Biboyuan, dos veces por semana para llevar y traer a la gente de compras en sus mercados.Estábamos rodeados de campo y al centro de Changyang, que no era más que un conjunto de infraviviendas, se llegaba por una carretera que ni de categoría local sería en España, y en la que se sucedían atascos fenomenales e inauditos en las horas punta. Junto a esa carretera se agolpaban barracas de mejores o peores acabados, pero barracas al fin.
También podíamos ir a lo que era el centro de la comarca, Liang Xiang, pero hacerlo era montado en un autobús, el 38, que ni a guagua llegaba, que parecía sacado de una película costumbrista de pobreza extrema, así lo sentías si tomabas ese bus.Pero había asfaltadas calles a la nada, ¿para qué, adónde? Era «el plan isla de Changyang».
También había un gran terreno vacío, una gran franja yerma. Esta franja sería sobre la que construirían la línea de metro Fangshan, prácticamente toda aérea, sobre pilares, que tendría una estación, Guangyang cheng, justo detrás de nuestra comunidad, a menos de 100 m. de nuestra casa.
La construcción de esta línea de Pekín, por partes, fue un poco extraña para mi entender entonces, pues en lugar de ir de dentro de la ciudad hacia fuera se construyeron, las partes, de fuera hacia dentro, por lo que aunque ya en 2011 teníamos metro, para llegar al centro debimos esperar a que construyeran todavía dos tramos más y no fue hasta el 2013 cuando pudimos finalmente acceder al centro de Beijing con esta línea del metro, hasta entonces lo hacíamos en autobús, la línea 917, que requería, a menudo, de cerca de dos horas de viaje. Llegar ahora, con metro, son unos 50 minutos.
Y hoy, aquellas calles, antaño fantasmales, forman el intrincado mapa de un distrito que ha visto llegar a millones de personas, pienso que entre 2 y 3, desde la capital.
Aquí se han establecido numerosos matrimonios jóvenes y ahora son miles los niños que en sus tiempos y días de ocio pueblan los numerosos parques creados.
De ser la casa de los últimos ancianos rurales, junto a la gran ciudad, se ha pasado a barrios urbanos modernos con una red de transporte público enorme, de metro y de autobús, Ahora están, además, construyendo una línea de tren suburbano, donde la que será la estación central de nuestro distrito, Fangshan, estará a escasos metros, unos 300, de la escuela de Primaria y de los comedores de mi esposa y socias.*Llevamos ahora viviendo en el distrito Fangshan, más de 17 años, +7 años en BiBoYuan y +10 en JiaZhouShuiJun.
Aprovecho para deciros que vamos a mudarnos nosotros tres a una planta baja, con patio exterior, en Bi Gui Yuan, a escasos 50 metros de los comedores escolares. Con esta mudanza no descartamos tener perro pues será un buen motivo para obligarme a pasear, que a mis años y por mi estado de salud, es importante.Los mayores vendieron sus viviendas, quiero decir sus derechos de residencia, normalmente de 70 años, pues no de suelo que es del estado, y se mudaron a nuevos edificios. Los primeros, mayormente levantados entre 2005 y 2010, Bi bo Yuan, eran de 6 alturas, luego se elevaron a más de 15. Ahora de 28 hay muchos.Comenzaron a construirse escuelas, que casi no había en 2008, y más adelante institutos.
Los hospitales fueron ampliados y reformados, se crearon de nuevos.Hemos pasado de deambular entre campos a hacerlo entre centros comerciales, restaurantes, gimnasios y otros servicios.
Yo he pasado de ser un extranjero (waiguoren) y por tanto fotografiable (y cuchicheable a mi paso), a uno más de este, cada vez más, cosmopolita entorno, al que hemos contribuido mi mujer y yo, pues en nuestra academia han trabajado por cinco años Todd, estadounidense, y otros extranjeros de forma regular (un curso): gente de Italia, de México y de Colombia y también hemos contado con colaboradores esporádicos de Alemania, de Irlanda, de Etiopía, de Yemen, de Kazakhtán, de Australia, de México y de España.
Ahora hay en Liang Xiang un campus universitario que cuenta con varias facultades y al que acuden más y más estudiantes extranjeros atraídos por la oferta universitaria china, pero cuando nosotros abrimos eran todo proyectos, hasta el punto de que las academias de inglés abiertas, las que casi nos hunden a su apertura, nos pidieron a nosotros que les proporcionáramos profesores.Sí, he visto cambiar este mundo desde lo más bajo… a no tener miedo a las alturas. Yo no siento vértigo cuando miro a mi alrededor, este es mi lugar.
En estos años de crecimiento acelerado han ocurrido también acontecimientos muy desgraciados y difíciles, la pandemia especialmente, aunque creo que con tanta desgracia como nos trajo, tuvo un efecto benéfico, menor pero cierto: hacer que el nacionalismo chino, que se estaba inflamando por el éxito de su país, dejara de hiperventilarse y se relajara.
Ya, confiados, seguimos en China apostando, trabajando, por un mejor futuro compartido, queremos compartir nuestra determinación y esperanzas, pues esa, entendemos, es la vía para superar toda soberbia, la forma de acabar con supremacismos de todo tipo.Siguen los chinos optimistas, seguimos optimistas, y con fe en el futuro, y eso entiendo que es bueno para todos.
Deseo ¡que en todas partes del mundo se goce de igual confianza!

Somos todos normalitos, haciendo día a día de la vida una pasión, y sí, medianamente acomodados, por nuestro esfuerzo, con nuestro salario. ¡Somos clase obrera, somos los de abajo!Vamos a construir un nuevo mundo y espero no tener que verlo erigir sobre ruinas. Yo cuento con el Partido Comunista de China y orgulloso digo que como compañeros de clase somos, la nuestra, la del proletariado y del campesinado, la que triunfará sobre la burguesía.
Ya triunfamos sobre la aristocracia y seguimos caminando.La historia la escribimos los que trabajamos y, aunque los vividores a nuestra costa tengan buenos escribas a sueldo, no son nunca los protagonistas.
Debemos recordarlo, a nosotros mismos en especial.¡Otro mundo es posible y está en nuestros corazones, y nosotros, el pueblo, somos los protagonistas!