
Hoy es un día cualquiera más, donde no tengo nada que decir, pero como me gusta hablar en castellano, perdonad pero no me atrevo a usar el catalán para escribir, aquí voy de nuevo hasta cansar a mis pacientes lectores.
¿De China?, no; ¿de mis frustraciones?, ¿de mis sueños?, pues quizás.
Etc., etc., etc. (en chino 等等)
Pero de lo propio a lo general, no al revés.
Y así se va tirando, atendiendo a la siguiente zancadilla de la vida, sea política, sea económica, sea la que sea, pero esperando que no la haya.
¡Pero la hay, siempre la hay!
Existen los seguros de vida, que cubren dinero, no tu vida, los seguros de defunción, que cubren que tu desaparición no suponga gastos para nadie, los seguros de accidentes, que pagan los daños ajenos, y hasta los propios en algunos casos.
Y …
Pero hablamos de dinero, y parece que se diría que ese no se acaba pues siempre hay algo que, con dinero, puedes asegurar.
Bienaventurados los que su mayor preocupación es el qué asegurar.
¿Desventurados los que no aseguran?
Recuerdo la estrofa, y su coletilla, de la cancioncilla con el pipiripipipi… A quien no le gusta el vino es un animal…o no tiene un real, que es lo más normal en la capital.
METÁFORA QUE NO ES:
Estooooo, no cambié el neumático porque no tenía presupuesto. Choqué y el peritaje dijo que fue el neumático, que estalló.
Me encuentro en el hospital y quien me visita únicamente me dice que la culpa es mía. ¡Vaya sorpresa!
¿Soy malo por esperar de la visita un simple abrazo alegre al verme entero a pesar del accidente?
¿El abrazo contagia algo? ¿Quizá responsabilidades no deseadas?
Bueno, ya no llego a tiempo de contratar un seguro, pues me fue de unos meses contratarlo, tal como tenía previsto a mi retorno a China, pues ya no lo podré pagar con mi pensión, ya que con ella pagaré el tratamiento que no me cubre el seguro.
¡¿?! ¡Vaya, vuelvo a estar balanceado!
Pero ¡benditos aquellos que no tienen nada de qué avergonzarse!
Y espero no necesitar nunca ayuda, pero de ser así, sé a quién no deberé acudir.
Pero hubo dos amigos que me dieron alojamiento cuando quienes debían hacerlo no lo hicieron; hubo un amigo, al que hacía casi 50 años que no veía, que me ofreció pagarme el viaje con mi mujer, a China; otros amigos quisieron encontrarse conmigo aquellos días en Can Ruti cuando acudía a dializarme; desde China se preocuparon por mi salud familiares y amigos, me esperaban, tras jubilarme, tal como les había dicho.
Y volví con mi mujer, mi compañera (no solo esposa, eso solo lo fue la primera, tal como ella se encargó en su día de dejar claro, su rol conmigo, delante de una visita de un camarada anarquista llegado desde Francia).
Y ya en Pekín han sido dos personas las que me han ofrecido uno de sus riñones. Yo los he rechazado pues mi vida prevista, unos 20 años más con diálisis, son suficientes y no quiero sacrificios de nadie. No soy tan egoísta como algunos, que dicen quererme, creen. Quienes no me aman pueden pensar como quieran, también los que muéstranse compunjidos por mi enfermedad mientras me muestran su amor en rebajas.
La generosidad y el amor no tienen DNI, eso ya lo sabía, pero haberlo comprobado en carne propia me da casi para un tratado sobre “¿Qué es el buen vivir? ¿Cómo lograrlo?”
Gracias a la vida tengo amigos y tengo amor, no me siento perdido ni solo.
Por eso, por mi edad, estoy contando batallitas. Era de esperar, pero lo que nunca esperé es encontrarme con gigantes donde yo veía molinos de viento.
Seguiré contando batallitas, sean leídas por españoles, sean leídas por chinos.