
[Castellano]
Como ya os comienzo a tener acostumbrados con las canciones de Paco Ibáñez, sigo por ese camino por el que iré también subiendo canciones, poemas… y pequeños tesoros que me parezcan interesantes para compartir y disfrutar juntos.
Hoy le toca el turno a esta joya de Lole y Manuel, «Nuevo día», en directo. ¡Espero que os guste tanto como a mí!
[Català]
Com ja us començo a tenir acostumats amb les cançons de Paco Ibáñez, continuo per aquest camí per on aniré també pujant cançons, poemes… i petits tresors que em semblin interessants per compartir i gaudir junts.
Avui li toca el torn a aquesta joia de Lole i Manuel, «Nou dia», en directe. Espero que us agradi tant com a mi!
[中文]
正如大家所习惯的帕科·伊瓦涅斯(Paco Ibáñez)的歌曲一样,我将沿着这条路继续分享一些让我觉得有趣的歌曲、诗歌和宝藏,供大家共同欣赏。
今天轮到洛莱与曼努埃尔(Lole y Manuel)的这首现场版宝藏歌曲——《新的一天》(Nuevo día)。希望你们会喜欢!
#LoleYManuel#PoesíaYMúsica#CancionesConAlma#Cultura#ArteYVida
Echando la vista atrás, a veces pensamos que ya lo hemos escuchado todo, que los discos polvorientos y las cintas guardadas en la mesilla no esconden ya ninguna sorpresa. Sin embargo, hay días en los que el azar, o una chispa de curiosidad, te vuelve a sacudir.
Uno siempre vuelve a los refugios de la juventud —a Paco Ibáñez, a los poetas que nos formaron la mirada antes de los veinticinco—. Pero de repente, buscando entre los surcos de la memoria y de los vinilos, te topas con Nuevo día. Y te das cuenta de que aquello no era solo música flamenca; era otra dimensión. Letras como «el sol, joven y fuerte, ha vencido a la luna» te desarman por completo.
Lole Montoya y Manuel Molina rompieron los moldes sin hacer ruido, desde la elegancia pura, juntando la copla, el compás gitano y una sensibilidad mediterránea universal. Cuando los escuchas hoy, entiendes que no eran solo canciones: eran postales de un tiempo donde la belleza importaba de verdad. ¿Qué me impulsa ahora a rescatarlo y compartirlo —incluso traducido al chino— con mis conciudadanos al otro lado del mundo? Pues que la buena música y la poesía no tienen pasaporte. Es una forma de decir: «Mirad, esto también somos nosotros, y merece la pena que lo conozcáis».
Pero si tengo que buscar el origen, todo se remonta a la primera vez que los oí: en el Canet Rock de 1975. Había ido por mi cuenta, me junté con un compañero del banco, y al llegar allí y ver a miles de personas, encontré a la peña de L’Hospitalet. Aquella noche formamos un grupo de cuatro: G., L., I. y yo. Y bueno, fue mi primera noche de sexo, por decirlo así, de morreo y meternos mano.
En un momento dado, yo estaba muy bien tumbado junto a G. y empieza a cantar Lole. Era un festival de rock y la inmensa mayoría empezó a silbar. A mí aquello me pareció una mala educación; si los habían invitado, por algo sería, y a mí me sonaba bien, aunque en ese instante estuviera por otra faena. De todos los que los silbaron aquella noche, estoy seguro de que el 99,99% terminaron siendo fans devotos.
Yo hice mía su música del todo un poco después, en un viaje a Grecia en el 77, cuando coincidí con Milagros y Lola, que eran fans locas y me la pegaron cantándolas. A partir de ahí fui a un concierto suyo en un teatro de Barcelona con Lucía Caparrós —mi amiga con la que habíamos presentado los sindicatos obreros— para ver a toda la familia Montoya. Y más tarde, en el 78, bajé a Sevilla con mi amigo José (Poqui) para verlos en directo en su propia tierra.
Cuando miras atrás y ves todo ese recorrido —desde L’Hospitalet, Grecia y Barcelona hasta Sevilla—, y te encuentras hoy montando un vídeo con tu disco original para compartirlo… te aseguro que solo hay una respuesta posible: me pone la piel de gallina.